Sólo sonrió una vez en su vida

Autor: José Manuel Guzmán Godos
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Según sus biógrafos, este hombre taciturno, solitario y falto de afecto desde su nacimiento y dueño de una tenacidad bárbara, amor por lo intrincado del pensamiento, lo complejo del universo y lo abstracto de las matemáticas, también tuvo pasión por la metafísica, un estudio profundo por la teología y una disciplina férrea por la investigación.

Nos estamos refiriendo a Isaac Newton, quien con sus investigaciones y observaciones de la naturaleza, fundó las bases, junto con otros pensadores como Descartes y Leibnitz para entender la dinámica del mundo en que vivimos y comprender su funcionamiento.

Nace en un pueblecito de Inglaterra llamado Woolthorpe, en 1642 y al nacer, ya era huérfano de padre ya que éste había muerto tres meses antes de que el naciera. Su madre se vuelve a casar y deja al pequeño Isaac en casa de su abuela materna.

La ausencia de padres en su niñez, lo convierte en un niño solitario, aunque observador de todo lo que ocurre a su alrededor. Cuando ya era reconocido y famoso, escribió así de sí mismo:

“No sé lo que el mundo pensará de mí, pero a mí me parece que tan solo soy un chico que juega en la playa y que se divierte al encontrar un canto rodado o una concha más hermosa que de ordinario, mientras el gran océano de la verdad yace ante mis ojos sin descubrir”.

Su vida transcurre entre bibliotecas, laboratorios de prácticas y observatorios, no se permite la vida social, por tanto, no desarrolla inteligencia interpersonal, lo cual deriva en una vida dedicada absolutamente a la investigación, observación experimentación y escritura de descubrimientos, así como a la reflexión de las Sagradas Escrituras, las cuales trató de interpretar a través de las Matemáticas.

Newton hizo estudios profundos sobre LA LUZ Y LOS COLORES, LA GRAVEDAD, EL CÁLCULO, estudió todos los libros de Alquimia a su alcance buscando el Espíritu en los elementos que componen la materia como son: AGUA TIERRA, VIENTO Y FUEGO, y concluyó que deseos elementos se conforma la materia en sus diferentes combinaciones.

En la teología buscó afanosamente encontrar la figura del padre que le faltó y concluyó que Dios habla al hombre a través de su palabra y que el hombre vive a través de sucesos en donde intervienen las leyes creadas y que es compromiso del mismo hombre interpretarlas para vivir, así en estrecho diálogo con su Creador.

Pensó que Dios creó un mundo racional por la exactitud de las leyes matemáticas que rigen la dinámica del mundo y que por ende el hombre debiese comprender ese mundo racional a través de una mente racional y con esto, armonizar con el Universo que contempla el orden por medio de sus principios exactos que la rigen: Ley de gravedad, Atracción entre los planetas, etc.

Poniéndose a trabajar con toda su información, recopilada a través de sus años de estudios, publica por primera vez una obra científica intitulada: “PRINCIPIA” la cual provoca que toda la comunidad científica de Inglaterra, ponga atención a sus trabajos y se le abran las puertas de la fama y el reconocimiento a su obra.

“PRINCIPIA” habla sobre sus observaciones y lanza sus famosas tres leyes: LA INERCIA, LA FUERZA y LA DE ACCIÓN Y REACCIÓN.

Su fama lo lleva a relacionarse con personajes muy encumbrados y poderosos de su tiempo, es sujeto de muchas deferencias y se le nombra miembro del Parlamento Inglés. Se le nombra también Científico Consejero y entrena a un joven matemático de nombre Fattio, con el cual se encariña, tal vez la única relación afectiva en plan discípulo-maestro que se permitió o con quien pudo congeniar.

Es nombrado Director de Casa De Moneda, en donde puede aplicar sus conocimientos de pesas, medidas, quilates, fundición, resistencia de metales, fabricación y mantenimiento de máquinas y prensas para el acuñamiento de las monedas.

Su vida afectiva tan escasa le llevó a una crisis nerviosa de la cual nunca se repuso, aunque después de sufrirla, sus allegados notaron que su espíritu se quebrantaba y que sus brillantes facultades mermaban.

Nunca se casó y no se le conocieron amoríos. Vivió para La Ciencia, La Filosofía, La metafísica, La alquimia y la Teología entre otras disciplinas.

En el año 1705 fue nombrado SIR (CABALLERO) una alta y real distinción para los personajes excelsos y que reconoce la Realeza Británica.

En sus años de ancianidad, vuelve a ocuparse del cálculo y mejora su obra ”PRINCIPIA” que está considerada como una OBRA MAESTRA CIENTÍFICA por lo que constituyó en su tiempo y por su contribución como base de la Ciencia moderna.

Que esta breve semblanza biográfica sirva para promover el interés de saber más acerca de este gran genio y acercarse más a la ciencia tan descuidada en nuestro país.

La humanidad debe un gran reconocimiento a este notable científico y es compromiso enseñar a las nuevas generaciones que la observación de las Leyes Naturales (ver una manzana caer al suelo, por ejemplo), más una mente inquisitiva (¿por qué…? ¿por qué…? ¿por qué…?) puede llevarnos a grandes descubrimientos y encumbramiento personal. Eso sí, dándole atención a la vida afectiva para no caer en colapsos nervios inútiles. Hoy tenemos suficiente información para saber que la vida, la vocación, la profesión y la pasión por el conocimiento, no están peleados con la felicidad.

Saludos Cordiales

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