Las Palabras, los Complejos y la Incosciencia

Autor: José Manuel Guzmán Godos
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Hace poco tiempo recibí, de una persona muy estimada, una oración muy hermosa impresa en papel, La oración comienza así:

“Dios de mi corazón, enséñame la belleza de todas las cosas, de manera que pueda yo apreciar las maravillas de tu creación…”

La oración sigue… y no la compartiré aquí… la refiero por el impacto de las primeras palabras… seas creyente o no, estarás de acuerdo en que en un escrito, las palabras iniciales nos dan la pauta para saber de qué se trata todo el texto.

En la misma semana, recibí un escrito en el cual se hace referencia a todo lo que siente una mujer que tiene la desgracia de ser obesa… cómo trata por todos los medios de permanecer delgada para agradar a los demás… en detrimento de sí misma.

Mientras es madre joven, deja que su hija la observe como es, aún en traje de baño… a la niña le gusta cómo es su madre… es tan sólo su madre… el gusto es el salir a la playa en familia, le dice a su hija… “mira, estoy gorda y fea” la hija tiene un chispazo de consciencia y dice: “entonces yo estaré gorda y fea” y recuerda las veces que el padre le dice: “Es fácil estar delgada… basta con que comas menos” la madre se esfuerza… en las comilonas de la familia, ella recuerda las palabras del esposo y sufre… tiene hambre… ve a su familia comer platos bien servidos…. por su mente pasan muchos pensamientos: “sólo esta vez romperé la dieta… por una vez no pasa nada… es que así dije ayer… mañana como menos… haré ejercicio doble… haré la dieta de esto… y esto… no, no resultará… mañana será diferente… ya no me queda mi ropa…”

Tal vez no se preocupaba por eso cuando tenía la edad de su hija… solo sabía que sería una esposa amorosa y una madre responsable… hasta que tuvo una nieta… y su hija le habló… no contaba con la sociedad que la quería delgada, o con su marido, que no la encontraba atractiva porque era obesa, o su hija que ya no la admiraba en traje de baño… para ser amada o tomada en cuenta, o considerada, o deseada… tenía que estar delgada y no podía… la realidad la aplastaba… y sufría… hasta que su hija le habló…

Le pidió que no valorara su cuerpo por la figura, sino por lo que podía hacer con él, que amara su cuerpo por la vida que daba… que considerara a los seres amados fallecidos: cómo les habían llorado aunque fueran obesos, viejos, desdentados o calvos, no importaba si estaban barrigones o ancianos, o jóvenes y/o agraciados… ni siquiera si eran muy listos o muy tontos… eran sus seres queridos y los quería como fueran…

La hija le habló a su madre que se olvidara de esa locura de la esbeltez, que se amara por otros valores y los transmitiera a su nieta, que comenzaba a padecer hambre por no sentirse obesa… que fuera cuidadosa de la alimentación y del ejercicio físico pero no hasta la exageración… que se amara como era y viviera sin torturarse... y sin despreciarse… que la nieta se valoraría en función de los ejemplos de las mujeres de su casa…

Se agolparon algunos pensamientos en mi mente… lo que decimos a veces de forma inocente o inconsciente… “te veo más gorda” “oye, antes estabas más delgada” o “hace unos kilos que no te veía” nadie nos enseñó a ser discretos y no mover esos resortes emocionales… que ni imaginamos lo que producen… detrás de esos comentarios está la carga inconsciente dar valor solamente a lo que nos ha condicionado el mundo del consumismo.

Pensé también en los programas en donde algunos osados investigadores se meten a las madrigueras o a los ambientes de algunos animales que son poco estudiados o aún ignorados y los estudian y los manipulan, al final al despedir a la tarántula, al perezoso, a la víbora o al pez o ave sea cual sea, “exclaman” ¡qué hermoso animal! Y se han referido a animales que son un tanto extraños a la vista… el hecho de llamarlos hermosos es un reconocimiento a su naturaleza… así son… y así son perfectos!

Hablando de humanos, así debería ser, así deberíamos considerarlos BELLOS Y PERFECTOS, sin poner el volumen por delante o el defecto visible… por tal motivo, me parece que la oración que recibí y mencioné al inicio de este escrito adquiere relevancia vital, ya que invita a aprender la belleza de todas las cosas, para poder apreciar las maravillas de la creación… de la cual todos formamos parte. ¿Podremos? ¿Queremos?

Saludos cordiales.

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