¡Mamita Linda!

Autor: Psic. Mauricio F. Sánchez Malagón
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Tema harto fácil, harto complicado el escribir sobre este “angelical ser” emanación de la misma sustancia con la que Dios está hecha; poseedora de la capacidad procreadora (cabe decir que tiene el 50% de la capacidad pues a no ser de la ayuda de la probeta y de la ayuda de un espermatozoide que un desconocido donó, y que por más que la fantasía nos ilusione, nuestras madres no cuentan con la capacidad de auto fertilización aunque a veces se comporta como si la tuviera, haciéndose dueña de los hijos e hijas).

Espejo, enfermera, contadora, administradora, médico, escucha y muchas otras funciones realiza una madre, y que sin duda son un luminoso sol que ilumina todos nuestros días de nuestra existencia. Y sin duda, se ha escrito mucho sobre el estoicismo con el que la mujer afronta al ser madre, y que sin duda es importante que reconozcamos y amemos a quien nos dio la vida ella, quien nos a brindado sus cuidados amorosos, que nos han hecho crecer y madurar, dándonos su energía para proyectarnos hacía el futuro.

Para esas madres que son amorosas y que tienen salud mental, mi más profundo respeto y reconocimiento.

Qué importante es la presencia de tener una madre sana mentalmente y amorosa, que nos ponga límite cuando es debido. Pero este escrito hace referencia a un tipo de madres que por el contrario,  inhiben el crecimiento y desarrollo de sus hijos. Madres controladoras, atrapantes, chantajistas y sobreprotectoras.

Reza un refrán “a los hijos hay que educarlos con un poco de hambre y un poco de frío”, éste hace referencia que no existen madres perfectas y que gracias a esa imperfección, es el marco que nos sirve a los hijos para crecer y madurar. Una madre que carga a su hijo toda la vida, no le ayuda a que aprenda a caminar y esto trae la condena de que toda la vida va a tener que cargar con ese hijo, y muy a su pesar tendrá el infortunio de vivir la grave consecuencia de su acto de sobreprotección, vivir con un hijo inútil “en el pecado se encuentra la penitencia”.

Últimamente, oí la historia de unos hijos que aún y cuando ya son mayores de edad, no han podido desarrollarse y continúan girando a su madre, una mujer que les ha generado unos sentimientos encontrados ya que por una parte trabajó duró para “sacarlos adelante” pero otra parte, los ha ayudado a salir adelante con la expectativa de que “la sacaran de pobre” de alguien que se hiciera cargo de ella cuando fuera  una anciana. Y no hay intención más egoísta que atrapar a los hijos, y responsabilizarlos de su vida.

Desgraciadamente, muchas madres piensan de esta forma, mujeres incapaces de hacerse cargo de su vida y de responsabilizarse de ella, y de su vejez, esperan que otros le resuelvan esta situación, esos otros son sus parejas y sobre todo sus hijos.

Cuando han sido madres amorosas y sanas la expectativa es que los hijos vuelen sin que volteen hacia atrás, que hagan su vida y se desarrollen, que formen su familia, sin necesitar de ellos, ya que tienen la firme convicción de que ellos son capaces de salir delante de los desafíos que la vida impone, e incluso de aquellos que la muerte lo hace. Una vida llena de satisfacciones nos genera una despedida sin conflictos. Cuando esto sucede, esa madre gracias a la Ley de Compensación que su familia vea por ella, en un acto de amorosa reciprocidad.

Pero no todo es miel sobre hojuelas, esas madres como la que inspiro estas palabras, le impone un desafío a los hijos, la de que le ayuden a salir adelante a pesar de: la violencia que impone sobre ellos, la manipulación, los chantajes emocionales y esos actos pseudoamorosos tras los cuales esconden los más obscuras intenciones de control. Esto genera en los hijos una sensación de confusión, en donde se sienten en la obligación de amar a aquella que les hace daño de manera tan sutil como mil cortaduras con navajas de afeitar, a aquella que los atrapa, controla y engolfa, impidiendo su sano desarrollo. No se le puede odiar, desdeñar o ponerle un límite, ya que eso desataría el enojo y la repulsión de la sociedad “¿cómo le hace eso a esa pobre anciana?” sin darse cuenta que “esa pobre anciana” le ha cortado las alas. Es entonces cuando ese hijo o hija se gana la reprobación de la sociedad, de su familia. Pensar darle la espalda y que asuma la responsabilidad de afrontar la vida que eligió vivir ¡ni pensarlo! ¿Cómo se puede abandonar así a una madre “tan buena”?

Lo peor de todo, es cuando ni siquiera cuestionamos a la madre, y nos asumimos en que es una realidad y nos vivimos siempre “felices” con las alas rotas, aprendiendo y absorbiendo como esponjas la misma manera de ser y nos tornamos controladoras, atrapantes, chantajistas y manipuladoras.

La vejes y las enfermedades les sirve de arma para continuar su juego de control.

Piensen estimados lectores, ¿Qué podemos nosotros como hijos hacer si hemos estado o estamos en esta situación? ¿Qué pueden hacer las madres que han tenido estas experiencias con sus mamás y no repetir el patrón? ¿Cómo puede manejarse la angustia y la culpa producto de la situación?

En estos casos:

  1. Detecté y confirme si está o estuvo en una situación así.
  2. Ubique el patrón enfermo.
  3. Aprenda a poner límites sin sentir culpa.
  4. Ponga una sana distancia. La necesaria para mantener una buena relación sin caer en el control.
  5. Tenga claro sus motivos de la distancia y aprenda a expresarlos clara y firmemente.
  6. En caso de ser una situación muy difícil, aléjese completamente, sin voltear.
  7. Acuda con un psicoterapeuta.
  8. Trate de no repetir los patrones de conducta enfermos con sus hijos.
  9. Recuerde que si trata de romper el control este se acrecentará en un principio, ya que la madre controladora pretenderá restablecer su tiranía. Continúe sin ceder, hasta que entienda que no es por la persona, ¡ame a su mamá y cuídela! Pero no acepte su control.
  10. Ámese a sí misma (o) y por amor propio y auto respeto póngale un amoroso límite a su mamá.
  11. Si es usted mamá, y se da cuenta que está repitiendo patrones, acuda con un profesional de la salud y por amor de Dios responsabilícese de su vida.
  12. Vivir con amor y salud mental es una bendición para todos los que nos rodean y para nosotros mismos.

Hasta pronto.

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